M S K

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2009


¡Queridos hermanos y hermanas!
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor —la oración, el ayuno y la limosna— para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos” (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre” (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

San Felipe de Jesús


Quizás todos alguna hemos oído la historia de Felipe de Jesús, ese que de niño que dentro de sus muchas travesuras le quemó la falda a su nana y como olvidar la esa exclamación de aquella cristiana “Felipe tu serás santo, cuando esa higuera reverdezca”.

Vaya reto, ¿verdad? Para darnos una idea, esa higuera estaba seca desde hacía ya varios años, eso anulaba las aspiraciones santificadoras del pequeño Felipe.

Pero los caminos del Señor son impredecibles y llegada la juventud Felipe de las Casas, cansado de una vida vacía, decide entregarse en cuerpo y alma a Dios para beneplácito de aquella mulata que tenía como nana y de sus padres.
Y el momento esperado llegó no de la forma como hubieran querido, aquella mañana del 5 de febrero de 1597, moría en la cruz marcada con el número 13 a los 24 años de edad en Nagasaki Japón, Felipe de Jesús , protomártir mexicano, que se le abrieron las puertas del cielo cuando una lanza atravesó su corazón.
En aquel instante ocurrió el milagro, la habitación de Felipe, despedía un olor a rosas, y si, así como lo pensaron “¡y la higuera reverdeció!”.
Este pequeño relato nos manifiesta los anhelos y esperanzas de un joven que decidió tener a Cristo en el centro de su vida ¿y tú? ¿Qué esperas para que tu higuera reverdezca?

Peregrinación Anual a la basílica

Se podrá escuchar la misa desde la basílica este domingo 1 de febrero (10:00 hrs.) vía internet:
http://www.radioth.com.mx/

Tres hombres y un trabajo

Ésta es la historia de un viajero que, en plena Edad Media, fue a parar a una ciudad de Francia. El caminante se admiró de ver la cantidad de canteros, albañiles y carpinteros dedicados a la construcción de un magnífico edificio para la Iglesia. Se acercó a uno de los canteros para interesarse por su trabajo.
— ¿Podría explicarme en qué consiste su trabajo? -le pre­guntó
El hombre, molesto por la pregunta, le contestó con malos humos:
— Estoy picando estos bloques de piedra con la maza y el cincel, y después los estoy en­samblando tal y como se me ha indicado para hacer un muro. Estoy sudando la gota gorda y además me duele mu­chísimo la espalda, sabe usted... Y para colmo, este trabajo me aburre y me paso el día soñando con el día en que pueda abandonarlo.
Ante tal respuesta, el viajero prefirió marcharse y charlar con otro cantero.
— ¿Podría explicarme en qué consiste su trabajo? -pregun­tó nuevamente.
Y el segundo cantero le contestó:
— Pues mire usted: como tengo mujer e hijos necesito un trabajo para ganarme un sueldo. Me levanto pronto cada mañana y vengo a picar la piedra, tal y como se me ordena. Es un trabajo repetitivo, como se puede imaginar, pero gracias a él puedo alimentar a mi familia, que es lo que me importa; estoy contento con tener este trabajo.
Más animado por esta segunda respuesta, el forastero se acercó a otro trabajador.
— Y usted, ¿qué está haciendo?
Y el tercer cantero, con los ojos brillantes de emoción y con el dedo índice apuntando hacia el cielo, le contestó:
— Estoy levantando una catedral. ¡Una pre­ciosa catedral! No podría soñar en un trabajo más hermoso al que dedicar mi esfuerzo.

Acción de Gracias


El comité diocesano de la ACJM felicita a todos los graduados del primer nivel de los grupos Adolescentes, Angeles de Dios, San Nicolás, Don Bosco y El Señor del Perdón, sigan adelante con mucho ánimo.

La familia, formadora de valores

Estaremos viviendo el VI Encuentro Mundial de Familias en la ciudad de México, con el tema “La familia, formadora en los valores humanos y cristianos”.

Para que la familia sea en verdad formadora en valores humanos y cristianos, es imprescindible que los adultos –los esposos y padres- crean en dichos valores, los proclamen y los vivan con convicción, para transmitir esa actitud a los hijos, constituyendo la atmósfera familiar en una vida según valores.

Para que los valores sean fuente de motivación -o sea que nos impulsen, sensibilicen, dirijan y sostengan en nuestras decisiones-, no basta que sepamos mucho acerca de ellos, no basta que hablemos constantemente de ellos, tampoco basta la inclinación ocasional hacia ellos. No basta que los valores lleguen al oído y a la cabeza, se requiere que lleguen al corazón. Hay que amarlos apasionadamente para que se traduzcan en modalidad de acción, de modo que seamos testigos de vivir los valores en los que creemos, trátese, por ejemplo, de la verdad, de la honestidad, de la sinceridad, de la justicia, de la solidaridad, de la fe, del amor.


Otro aspecto importante en los valores y su motivación formativa es que hay tres niveles de personalización de los valores, o sea tres grados en que los hacemos nuestros.

El primer grado de personalización es el de “complacencia”: Cuando se adopta el valor con el fin de obtener una recompensa o de evitar un castigo. No se vive ese valor porque estemos convencidos del mismo, sino para buscar un premio o evitar un castigo: en el momento que desaparezca la perspectiva del premio o del castigo, se deja de practicar ese valor. Y el premio o el castigo no son necesariamente físicos, también pueden ser psicológicos (Por ejemplo una felicitación, conceder el pase a una siguiente etapa, negar el afecto, negar un permiso, inducir sentimientos de culpa…). Es normal que el niño vaya asumiendo los valores a este nivel.

Un segundo grado de personalización del valor es el de la “identificación”: Cuando la persona practica determinado valor por la imagen positiva que obtiene con ello, especialmente por la relación gratificante con otra persona o personas; esta relación puede ser real o en la fantasía. En este caso ya se practica el valor no tanto por el premio o castigo en juego, sino por un criterio mejor, por la identificación con la persona que influye y se convierte en modelo de referencia: querer ser como la otra persona, entrar en su grupo, pertenecer a determinada clase o asociación. Este grado de personalización del valor se vive con fuerza cuando se es adolescente.

Un tercer grado de personalización del valor es el de la “internalización” o “apropiación”: Es el grado superior de personalización del valor. Es cuando la persona practica el valor no sólo porque lo viva otra persona, sino porque cree en ese valor, le convence, lo descubre de acuerdo a sus ideales… incluso aunque deje de vivirlo la persona que era modelo de referencia, porque la convicción brota desde dentro del propio ser y no está condicionada por la cantidad o el tipo de personas que lo vivan. Entonces el valor llega a ser una verdadera convicción: lo vive aun en circunstancias adversas. La plena convicción del valor es cuando la persona acepta sufrir el ataque o la persecución por causa del valor de referencia; en otras palabras, cuando está dispuesta a morir pero no renuncia a ese valor.

Que nuestras familias se esmeren en proclamar y vivir los valores con este grado de convicción, porque se ha hecho parte esencial de la propia persona y de la atmósfera familiar, convierte a las familias en testigos de trascendencia, en mensajeros de esperanza en un mundo nuevo, congruente y solidario.


Tehuacán, Pue., 9 de enero de 2009

+ Rodrigo Aguilar Martínez
Obispo de Tehuacán.
Presidente de la Comisión Episcopal para la Familia, Juventud y Laicos

Unos magos llegados del oriente







 
A.C.J.M. de la Diócesis de Tehuacán - by Templates para novo blogger